Desamor.

Me preguntaron por lo nuestro y dije "se fue todo al carajo" y no sé si la culpa fue mia, tuya, de los dos o de ninguno. Sin embargo, siempre me culpé de todo a mi, sin pensar en si era lo justo o no. Me culpé porque sentía miedo, y el miedo, paraliza. Siempre que estaba con vos pensaba en que algún día todo se iba a terminar y ya no te iba a poder abrazar, entonces te apretaba más fuerte pero no sabía si lo hacía bien, porque demostrar cariño nunca fue lo mío. Así pasó, todo acabó y el mundo se me vino abajo. Al final, mis presentimientos no fallaban.
Los días se fueron acumulando en el almanaque y la vida siguió, tu partida no significó nada para el resto de los mortales pero a mí... a mí me mató. Tengo recuerdos tan nítidos, que parece ayer cuando ibamos juntos y te agarraba de la mano, áspera y fría. ¿Te acordás de lo lindo que era besarnos? ¿Te acordás del nudo en la garganta que se nos formaba cuando peleabamos? ¿O vos no sentías nada y lo fingías todo? Me pierdo en mis pensamientos muy seguido, tratando de encontrar una respuesta o, quizá, el indicio que me indique el punto donde todo empezó a caerse a pedazos. Siempre llego al mismo lugar y me culpo a mi, como ya dije. Soy torpe y tengo una forma de andar por la vida un poco rara. Parezco despreocupada y con mucha seguridad, pero solamente soy barro y no sirvo para construir el castillo lujoso del cuento de hadas que tu mamá te contaba cuando eras chico.
Este último tiempo estuve pensando en algo, un poco loco, pero que me sirve para poder seguir adelante cada día: las personas son como ratas. Es una comparación un poco extraña y sin sentido si la vemos por encima, sin embargo, no es tan así. Me explico: las ratas son odiadas por la mayoría de las personas por el simple hecho de existir y cumplir con su condición de ser. Ellas, las ratas, no tienen la culpa de nada; ni de meterse en tu casa para buscar un refugio, ni buscar alimento, ni transmitir una enfermedad, solamente hacen las cosas que tienen que hacer para vivir y están siendo, lo que les tocó ser. Lo mismo pasa con ese mosquito que nos zumba en el oído cuando queremos dormir, no lo hace para molestarnos sino que lo hace porque eso es lo que tiene que hacer, es su condición. Hay personas ratas. Hay personas mosquito. ¿A qué me refiero con esto? A veces las personas hacen lo que tienen que hacer, son quien tienen que ser. A veces las personas no quieren lastimarnos pero lo hacen igual, porque tal vez esa es su condición. Entonces, son como esa rata que simplemente esta existiendo y nos molesta, nos jode; sin saberlo y sin intención. Siempre nos vamos a cruzar con personas ratas, tal vez nosotros seamos una de ellas en muchas ocasiones. Con todo esto, quiero llegar al punto de que, quizá, me tenías que hacer mal y yo tenía que destrozarme para aprender la lección. Al fin y al cabo, ahora entiendo la frase: "la felicidad está rodeada de dolor."

Comentarios

Entradas populares de este blog

31 de enero, domingo.

con vos nunca más nada.