Comienzos.

Nuestras miradas parecían tener su propio idioma
y nuestras manos la mejor conexión.
No pudimos esperar a chocar los labios y dejar a la luz todos nuestros sentimientos.
Ahí lo entendí todo.
Las palabras poco importan
cuando las demostraciones de amor desbordan el alma.
Me quité la blusa del miedo y susurré te quiero que parecía nada a comparación de la dulzura de tus labios.
Solo ví tu cara iluminada
y tu boca pronunciando otro te quiero.
Lo supe.
Nuestros caminos se cruzaban
y la definición de destino,
de la cual yo siempre dudaba,
cobraba sentido.
En ese momento
y en esta vida,
por fin, creía en algo.


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