Haciéndose paso entre la multitud
venía ella.
Confiada como quien sabe que va a ganar.
Segura y serena,
sus pasos retumbaban cada vez más cerca.
Yo la miraba desde mi lugar,
sabiendo que terminaríamos por encontrarnos.
Sonriendo amargamente la saludé
- Hola, soledad. Que bueno verte otra noche más.


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