La energía del día voló lejos y se esfumó dejando al ambiente desconcertado.
Las estrellas me hablaron esta noche
(¿qué tiene la noche conmigo que siempre me busca para llevarme a lugares donde no te puedo encontrar?)
Me dijeron, las estrellas, que son fieles testigos de mis borracheras, de mis cantos desesperados que desencadenan un llanto horroroso que asusta a la luna algunas noches.
Pobre lunita, escucha tantos sollozos de personas perdidas por el mundo que ya no sabe hacer otra cosa que llorar ella también.
La pena bajo del techo, se abre paso entre las paredes de mi casa y sin pedir permiso se acuesta conmigo.
Yo la abrazo. Yo la abrazo y lloro. Lloro abrazándola.
Si tan solo pudiera consumirse como el pucho que fumé en el balcón. Si tan solo hoy no estuviera sola la pena se iría a buscar otras compañías, a bajar por otros techos, a abrirse paso entre otras paredes, a meterse en otras camas...
Creo que no estoy segura si me gustan las palabras porque así como construyen también destruyen
pero sigo escribiendo, de lo contrario el silencio haría un nudo en mi garganta hasta asfixiarme y matarme. Y a nadie le gustaría que el silencio lo mate, tal vez a unos pocos locos si. Yo prefiero un bombardeo de palabras y que la guerra sea un poema del cual sabemos no vamos a salir ilesos.

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