sin creer creyendo
todas las cosas que puedo darte -o que podía, eso ya no lo sé-
vos las conocés bien
siempre pudiste adivinar por completo todas mis maneras
bastaba un simple retorcer del labio un rápido destello en la mirada un leve cambio en la respiración
para que supieras que algo -me- pasaba
ahora, si bien no me ves escribiéndote,
porque sos tan perpicaz,
ya te diste cuenta que caen en torrente lágrimas por mi cara y que camino de un lado a otro mientras susurro estas palabras
siempre estuve dispuesta a que me leyeras de par en par a que te divirtieras entrando y saliendo de mí
también, siempre supe que estar dispuesta era estar en riesgo -eso nunca me importó-
ahora, hay tantas cosas que quisiera que sepas tantas cosas que quisiera que adivines a partir de los distintos ademanes de mi cuerpo
pero simplemente estoy cansada de las repeticiones absurdas de estos -nuestros- juegos o, para serte más sincera, siento miedo -quizá por vez primera- de admitir la sútil posibilidad de que un otro -extrañamente tan desconocido como calurosamente tan familiar- sepa entenderme al derecho y al revés prefigurando mis sentires limitando mis movimientos encuadrando crepuscularme todo lo que sale de mi sin yo poder reprochar
sin yo poder creer -aún creyendo- que soy de este mundo -aún no queriendo-.
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