Había que volver.
Fueron tantas las excusas que terminé por creerte. Los peros formaban un camino hacía tu boca. y la noche me pedía a gritos que te diera otra oportunidad. Te besé los lunares, que seguían ahí, donde yo los recordaba. Te miré. Me miraste. Nos amamos. Esa noche, juntos, fue la última. No soy de las que aprende a la primera, soy de las que vuelven a troperzarse dos veces con la misma piedra.